dos niños Basilio y Quiteria. Como fueron creciendo, el padre de Quiteria determinó estorbar a Basilio la acostumbrada entrada en su casa, y, por huir de sospechas y recelos que le quitaban el descanso, ordenó de casar a su hija con el rico Camacho, pareciéndole que no le convenía casarla con Basilio, el cual no tiene tantos bienes de fortuna como de naturaleza; que, si va a decir verdad sin envidia, él es el más ágil mancebo que tenemos, gran lanzador de la barra, discreto luchador y gran jugador de pelota; corre como un gamo, salta más que una cabra, juega a los bolos como por encantamento, canta como una alondra, tañe la guitarra de modo que la hace hablar, y, sobre todo, menea una espada como el mejor.
—Solo por esa excelencia —dijo a esto don Quijote—, merece el mancebo casarse, no solamente con la hermosa Quiteria, sino con la misma reina Ginebra, si hoy viviera, a pesar de Lanzarote y de todos aquellos que estorbarlo quisieran.
—Dígaselo a mi mujer —dijo Sancho, que hasta entonces había escuchado en silencio—, porque ella no atenderá a otra cosa que a que cada cual se case con su igual, ateniéndose al refrán de «cada oveja con su pareja». Lo que yo quisiera es que este buen Basilio (que ya le voy tomando afición) se case con esta señora Quiteria; y bendición y buena suerte —quise decir lo contrario— para los que impidan que se casen los que bien se quieren.
—Si todos aquellos que se aman los unos a los otros se casasen —dijo don Quijote—, privaría a los padres del derecho de elegir y casar a sus hijos con la persona conveniente y a su debido tiempo; y si se dejara al arbitrio de las hijas elegir marido a su gusto, habría quien escogiese al criado de su padre, y otra a alguno que hubiese visto pasar por la calle a quien tuviese por galán y gallinardo, aunque fuese un valentón borracho; porque el amor y la afición ciegan con facilidad los ojos del juicio, tan necesarios para elegir estado en la vida; y la elección matrimonial es muy propensa al error, y se necesita gran prudencia y especial favor del cielo para atinar con ella.