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nydus/Don QuixotePublic
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LXXIV

costumbres dieron nombre de Bueno. Ya soy enemigo de Amadís de Gaula y de toda la infinita caterva de su linaje; ya son odiosas todas las profanas historias de la andante caballería; ya conozco mi necedad y el peligro en que me puso haberlas leído; ya, por misericordia de Dios, escarmentado en cabeza propia, las abomino.

Cuando los tres le oyeron hablar de aquel modo, no les quedó duda alguna de que alguna nueva locura se había apoderado de él; y dijo Sansón: «¿Cómo? ¡Señor Don Quijote! Ahora que tenemos noticias de que la señora Dulcinea está desencantada, ¿toma usted este camino?; ahora, precisamente cuando estamos a punto de hacernos pastores para pasar la vida cantando como príncipes, ¿está pensando en volverse ermitaño? Calle, por amor de Dios, sea prudente y no hablemos más necedades».

—Todas esas patrañas —dijo don Quijote—, que hasta aquí han sido verdad en daño mío, la muerte las ha de volver por la misericordia del cielo en mi bien. Siento, señores, que me voy muriendo a toda prisa; dejémonos de burlas, y tráiganme un confesor

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