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nydus/Don QuixotePublic
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LVIII

lo primero que hace es quitarle el temor y la vergüenza; y así, sin ella, descubrió Altisidora su deseo, el cual antes me engendró confusión que conmiseración.

—¡Notable crueldad! —exclamó Sancho—; ¡inaudita ingratitud! Solo sé decir por mí que la menor palabra amorosa suya me hubiera subyugado y hecho su esclavo. ¡Válgame el diablo! ¡Qué corazón de mármol, qué entrañas de bronce, qué alma de argamasa! Mas no puedo imaginar qué es lo que esta doncella vio en vuestra merced para que la conquistase y cautivase de esa manera. ¿Qué gallarda figura fue, qué bizarría, qué donaire, qué gala de rostro, cuál de estas cosas de por sí, o cuáles todas juntas, pudieron enamorarla? Porque, a buena fe y de verdad, muchas veces me paro a mirar a vuestra merced desde la planta del pie hasta el cabo del cabello, y veo más cosas que espantan que no que enamoran; y más, que he oído decir que la hermosura es lo primero y principal que mueve a amor, y, no teniendo vuestra merced ninguna, no sé de qué se enamoró la infeliz.

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