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nydus/Don QuixotePublic
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XXVII. De cómo el cura y el barbero pusieron por obra su traza

suplicó que saliese de aquella vida tan miserable, por no acabarla allí, lo cual sería la mayor de todas las desgracias. Cardenio estaba entonces en su juicio, libre de aquel furor rabioso que tan a menudo le acosaba, y, viéndoles vestidos de modo tan desacostumbrado entre los habitadores de aquellos desiertos, no pudo menos de admirarse un poco, mayormente cuando les oyó hablar de su caso como de cosa sabida (que por las razones del cura se lo dio a entender), y así les respondió de esta manera:

—Bien veo, señores, sean quienes fueren, que el Cielo, cuyo cuidado es favorecer a los buenos, y aun a los malos muchas veces, aquí, en este remoto lugar, apartado del trato humano, me envía, sin merecerlo yo, a quienes procuran sacarme de esta parte a otra mejor, mostrándome con varias y eficaces razones lo poco razonable que hago en llevar la vida que gasto; mas ellos no saben que, si salgo de este mal, he de caer en otro mayor, y quizá me tendrán por hombre de poco juicio, o, lo que es peor, por desprovisto de él; y no sería mucho, porque a mí mismo se me trasluce que la fuerza del recuerdo de mis desgracias es tanta, y obra tan en mi perdición, que a despecho mío vine a quedarme a veces como piedra, sin sentimiento ni discurso; y vengo a conocer la verdad cuando me dicen y muestran las señales de lo que he hecho cuando el furioso accidente me domina; y no hago más que llorar en vano y maldecir mi ventura a solas, y dar razones de mi loc1, contando la ocasión de ella a cuantos hay que quieran oírla, pues no es razón que, sabida la causa, se maravillen de los efectos; y si no me socorren, al menos no me culpan, y la repugnancia que en mis locuras toman se convertirá en compasión de mis desdichas.

Si acaso, señores, venís con la misma intención que otros han venido, antes que paséis adelante en vuestros prudentes consejos, os suplico que oigáis el cuento de mis innumerables desventuras, que quizá, después de oído, os ahorraréis el trabajo que habéis de tomar en consolar un dolor que del todo es inconsolable.

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