¿Cómo puede haber entendimiento humano que se persuada de que ha habido toda esa infinidad de Amadises en el mundo, ni toda esa muchedumbre de famosos caballeros, todos aquellos emperadores de Trapisonda, todos aquellos Felixmartes de Hircania, todos aquellos palafreneros y doncellas andantes, y sierpes, y monstruos, y gigantes, y maravillosas aventuras, y encantamientos de toda suerte, y batallas, y denodados encuentros, y vistosos trajes, y enamoradas princesas, y escuderos hechos condes, y graciosos enanos, y cartas de amores, y arrumacos y requiebros, y mujeres valentonas y, en una palabra, todas aquellas patrañas que los libros de caballerías contienen? Por lo que a mí toca, solo puedo decir que, cuando los leo, en tanto que no me detengo a pensar que son todas mentiras y niñerías, me dan cierto gusto; mas cuando reparo en lo que son, arrojo el mejor de ellos contra la pared, y lo arrojaría al fuego si lo tuviera a mano, por merecer tal castigo como embusteros y falsarios, fuera del uso de la común tolerancia, y como fundadores de sectas nuevas y de nuevos modos de vida, y maestros que enseñan al vulgo ignorante a creer y tener por verdaderas todas las necedades que encierran. Y es tanta su osadía, que hasta se atreven a perturbar el magín de los hidalgos discretos y bien nacidos, como se ve claramente por el trato que le han dado a vuestra merced, al traerle en términos de tenerle encerrado en una jaula y llevado en un carro de bueyes, del modo que se lleva a un león o a un tigre de un lugar a otro para ganar dinero con su ostentación. ¡Ea, señor don Quijote!, tenga compasión de sí mismo, vuelva al gremio del buen juicio y aproveche la liberal porción que el cielo quiso dotarle, empleando los abundantes dones de su ingenio en otra lectura que redunde en provecho de su conciencia y aumente su honra. Y si todavía, llevado de su natural inclinación, quiere leer libros de hazañas y de caballerías, lea el libro de los Jueces en la Sagrada Escritura, que allí hallará grandezas verdaderas y hechos tan ciertos como heroicos.
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XLIX. Que trata de las discretas razones que Sancho Panza pasó con su amo don Quijote
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