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nydus/Don QuixotePublic
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IV

Manifestando su intención al bachiller, le pidió consejo sobre por qué parte debía empezar su jornada, y el bachiller respondió que, a su parecer, había de ir al reino de Aragón y a la ciudad de Zaragoza, donde habían de ser unas solemnísimas justas por las fiestas de San Jorge, en las cuales ganaría fama que se antepusiera a todos los caballeros de Aragón, lo cual sería anteponerse a todos los del mundo. Alabó su muy loable y gallarda resolución, pero le amonestó que fuese con más tiento en acometer los peligros, porque su vida no era suya, sino de todos aquellos que le habían menester para ampararlos y socorrerlos en sus infortunios.

—Ahí es donde está lo que yo abomino, señor Sansón —dijo a esta sazón Sancho—; mi amo acometerá a cien hombres armados como un muchacho hambriento a media dozena de melones. ¡Cuerpo del mundo, señor bachajero! tiempo hay de acometer y tiempo de retirarse, y no ha de ser todo «¡Santiago, y cierra España!». Además, he oído decir (y creo que a mi mismo amo, si mal no me acuerdo) que el medio de la valentía está entre los dos extremos de la cobardía y de la temeridad; y si esto es así, yo no quiero que huyan sin tener pie de amigo, ni que acometan cuando la fuerza pide otra cosa. Pero, sobre todo, advierto a mi amo que si me ha de llevar consigo, ha de ser con condición que él ha de hacer toda la fuerza y pelea, y que yo no he de ser obligado a otra cosa que a tenerle cura y limpieza de sus vestidos; que en esto le acudiré de buena gana; pero pensar que he de poner mano a la espada, aunque sea contra malandrines villanos de chusma ycapirote, es higas. Yo no pretendo, señor Sansón, hacerme hombre de pelear, sino el mejor y más leal escudero que jamás sirvió a caballero andante; y si mi señor don Quijote, en pago de mis muchos y buenos servicios, quisiere darme alguna ínsula de las muchas que vuestra merced dice que se ataja por ahí,

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