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nydus/Don QuixotePublic
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XXXIV

solo fuera por curiosidad y pasatiempo; aunque en adelante no hacía falta que pusiera el mismo empeño que antes; lo único que le pedía era que le escribiera unos versos a ella, alabándola bajo el nombre de Cloris, pues él mismo le daría a entender que estaba enamorado de una dama a quien había dado ese nombre para poder cantar sus loores con la decencia debida a su modestia; y si Lotario no quería tomarse la molestia de escribir los versos, los compondría él mismo.

—No será menester eso —dijo Lotario—, pues las musas no me son tan enemigas que no me visiten de cuando en cuando en todo el año. Cuenta tú a Camila lo que has propuesto de mis falsos amores; que los versos yo los haré, y si no tan buenos como el sujeto merece, al menos serán tales que no desdigas de ellos.

Con esto quedó concertado el negocio entre los dos amigos, el mal aconsejado y el traidor, y Anselmo, volviendo a su casa, preguntó a Camila lo que ya ella se maravillaba de que no le hubiese preguntado antes: qué era la ocasión que le había movido a escribirle la carta que le había enviado. Camila respondió que le había parecido que Lotario la miraba con más libertad que cuando él estaba en su casa; pero que ya estaba desengañada y creía que no había sido sino su imaginación, porque Lotario agora huía de mirarla y de verse a solas con ella. Anselmo le dijo que estuviese segura que no tuviese recelo de tal sospecha, porque él sabía que Lotario estaba enamorado de una principal doncella de la ciudad, a quien él celebraba debajo del nombre de Clori; y que aun cuando no lo estuviera, la fidelidad suya y la estrecha amistad de entrambos no daban lugar a que se temiese tal cosa.

Si Camila no estuviera avisada primero de Lotario que este amor de Clori era fingido, y que él se lo había dicho a Anselmo para poder, con más espacio, hablar en las alabanzas de la mesma Camila, sin duda alguna cayera en las desesperadas redes de los celos; pero, estando advertida, recibió la nueva sin alteración ninguna.

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