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nydus/Don QuixotePublic
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III. En donde se cuenta la graciosa manera que tuvo Don Quijote en armarse caballero

que se pusiese el «don» y se llamase Doña Molinera, ofreciéndole de nuevo sus servicios y mercedes.

Habiendo, pues, con tanta priesa y velocidad dado fin Don Quixote a sus nunca vistas ceremonias, estaba como de asessor hasta verse a caballo y salir a buscar las aventuras; y ensillando a Rocinante luego, subió en él, y abrazando a su huésped, dándole las gracias de la merced que le había hecho en armarle caballero, le dijo unas razones tan peregrinas, que es imposible encarecerlas.

El ventero, por verle ya fuera de la venta, le respondió con no menos retórica, aunque con más breves palabras, y sin pedirle la costa de la posada, le dejó ir con buena hora.

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