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nydus/Don QuixotePublic
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XII. De lo que contó un cabrero a los que iban con don Quijote

—Oh —dijo el cabrero—, yo no sé ni la mitad de lo que ha sucedido a los enamorados de Marcela, pero quizá mañana topemos con algún zagal por el camino que nos lo sepa decir; y ahora será bien que os vayáis a dormir a buen recaudo, que el sereno de la noche podrá dañar a vuestra herida, puesto que con el remedio que os he puesto no hay que temer mal suceso.

Sancho Panza, que mandaba el mucho hablar del cabrero al diablo, suplicó a su amo por su parte que se pasasen a dormir a la choza de Pedro.

Así lo hizo, y pasó lo que restaba de la noche en pensamientos de su señora Dulcinea, a imitación de los amantes de Marcela.

Sancho Panza se acomodó entre Rocinante y su jumento, y durmió, no como enamorado al que le han dado calabazas, sino como hombre que le han molido las costillas a palos.

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