Del extraño modo en que fue encantado Don Quijote de la Mancha, con otros famosos acontecimientos.
Cuando don Quijote se vio entulado y ensartado en el carro de aquel modo, dijo:
«Muchas historias he leído de caballeros andantes; pero jamás he leído, visto ni oído que a los caballeros encantados los lleven de esta manera, ni con la tardanza que estos perezosos y lentos animales prometen; porque siempre los suelen llevar por los aires con maravillosa celeridad, encerrados en una nubecilla oscura y densa, o en un carro de fuego, o ya en algún hipogrifo u otra bestia semejante; pero llevarme a mí sobre un carro de bueyes, ¡válote Dios!, que me confunde. Mas podrá ser que la caballería y los encantamientos de este nuestro tiempo sigan otro camino que el de los antiguos; y aun podría ser también que, como yo soy nuevo caballero en el mundo, y el primero que ha resucitado el ya olvidado ejercicio de la caballería venturosa, de nuevo se hayan inventado otros géneros de encantamientos y otros modos de llevar a los encantados. ¿Qué te parece a ti desta materia, hijo Sancho?».
—No sé qué pensar —respondió Sancho—, no estando tan leído como vuestra merced en historias caballerescas; pero con todo eso, os audase y jure que estas apariciones que por aquí andan no son muy católicas.