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nydus/Don QuixotePublic
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LX

Roque se volvió al ruido y divisó aquella hermosa figura, la cual, al acercarse, le habló de esta manera:

«Vine en busca tuya, valiente Roque, para hallar en ti, si no un remedio, al menos alivio a mi desgracia; y por no tenerte en suspenso, pues veo que no me reconoces, te diré quién soy: soy Claudia Jerónima, hija de Simón Forte, tu buen amigo y enemigo singular de Clauquel Torrellas, que también lo es tuyo por ser de la facción contraria a ti. Bien sabes tú que este Torrellas tiene un hijo que se llama, o al menos no hacía dos horas que se llamaba, don Vicente Torrellas. Pues, por abreviar el cuento de mis desventuras, te diré en pocas palabras lo que este mancebo me ha causado. Vio='\''me, requirió='\''me, escuché='\''le, amé='\''le sin que mi padre lo supiese; porque no hay mujer, por retirada que viva y encerra-dísima que esté, a quien no le sobren horas para dar suelto a sus malos deseos. En resolución, él me dio palabra de ser mío, y yo se la di de ser suya, sin pasar adelante. Ayer supe que, olvidado de su palabra, se casaba con otra, y que iba esta mañana a desposarse, noticia que me encendió en tanta cólera y rabia que, ausente mi padre, tomé este hábito que ves, y apretando el caballo alcancé a don Vicente media legua de aquí, y sin aguardar a darle razones ni a oír las suyas, le disparé este trabuco, y aun otras dos pistolas, y a lo que yo creo, más de dos balas le entraron por el cuerpo, abriendo puertas por donde saliese mi honor, lavado con su sangre. Dejóle allí en poder de sus criados, los cuales no osaron ni pudieron acudir a su defensa, y vengo a pedirte una guía para ir a Francia, que allá tengo parientes con quien vivir, y asimismo te ruego ampares a mi padre, para que los muchos parientes de don Vicente no vengan a tomar en él desmedida venganza».

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