—Paz, te digo otra vez, Sancho —dijo don Quijote—, que bien te hago saber que no me trae por estas regiones tanto la gana de hallar al loco cuanto la que tengo de hacer en ellas una hazaña con quien cobre perpetuo nombre y fama en todo lo conocido de la tierra; y tal será la que pondrá el sello a todo aquello que puede hacer a un caballero andante perfecto y famoso.
“¿Y es muy peligrosa, esta hazaña?”
—No —respondió el de la Triste Figura—; que bien podría ser volver la tortilla, y sacar perico en vez de seises; pero todo dependerá de tu diligencia.
—¡A buena fe! —dijo Sancho.
—Sí —dijo Don Quixote—, que si presto vuelves del lugar adonde te voy a enviar, presto se acabará mi penitencia y presto comenzará mi gloria. Pero porque no te tenga más tiempo suspensivo, esperando lo que de mis palabras resulta, quiero, Sancho, que sepas que el famoso Amadís de Gaula fue uno de los más perfectos caballeros andantes; mal dije que fue uno; fue el solo, el primero, el único, el señor de todos cuantos hubo en el mundo en su tiempo. ¡Una higa para Don Belianis y para todos aquellos que dijeren que en algo le igualó, que mienten, ¡juro a tal!, ciertamente! Digo asimismo que cuando un pintor quiere salir famoso en su arte, procura imitar los originales de los más raros pintores que sabe; y este mesmo corso guarda y tiene regla para los más importantes oficios o exercicios que convienen para dar lustre a una república; ansí que el que quisiere ser tenido por prudente y paciente, ha de imitar a Ulises, en cuya persona y trabajos nos pinta Homero una viva imagen de prudencia y de paciencia; como también nos mostró Virgilio en la persona de Eneas la piedad de un hijo piadoso y la sabiduría de un valiente y diestro capitán, no pintándoles ni describiéndoles como fueron, sino como habían de ser, para dejar exemplo a los venideros siglos de sus virtudes. Deste mesmo