medio, mientras que por su parte el vizcaíno le aguardaba espada en mano y a la sombra de su almohada; y todos los circunstantes estaban temblando, y aguardando en qué pararían unos golpes tan desaforados como los que amenazaban dar, y la señora del coche y sus criados hacían mil votos y promesas a todas las imágenes y santuarios de España, porque Dios librase a su escudero y a todos ellos de aquel tan grande peligro en que se hallaban. Pero es el daño de todo que en este punto y término el autor de esta historia deja pendiente esta batalla, disculpándose que no halló más escrito de estas hazañas de don Quijote de las que deja referidas. Bien es verdad que el segundo autor de esta obra no quiso creer que tan curiosa historia estuviese entregada a la ley del olvido, ni que hubiesen sido tan poco ingeniosos los ingenios de la Mancha que no tuviesen en sus archivos o registros algunos papeles que de este famosísimo caballero tratasen; y así, con esta imaginación, no se desesperó de hallar el fin desta apacible historia, el cual, dándole el cielo favor, le halló del modo que se contará en la segunda parte.
Table of Contents
VIII. De la buena sucesos que el valeroso don Quijote tuvo en la espantosa y jamás pensada aventura de los molinos de viento,
155