puede durar tanto, mayormente siendo de tan poca ventaja para ellos el practicar semejantes burlas y
—¡Ay, señor! —dijo Sancho—; ¡bien están esos bellacos afeitados para trocar las cosas de mi amo de unas en otras! A un caballero que él venció bien a las pasadas, que se llamaba el Caballero de los Espejos, le trocaron en la figura del bachiller Sansón Carrasco, natural de nuestro pueblo y gran amigo nuestro; y a mi señora Dulcinea del Toboso la han trocado en una villana de mal talante; así que para este palafrenero, mal topará él ni muera palafrenero todos los días de su vida.
Aquí exclamó la hija de Rodríguez:
«Sea quien fuere este hombre que me reclama por esposa, se lo agradezco en el alma, pues antes quiero ser mujer legítima de un lacayo que querida engañada de un caballero; aunque aquel que me faltó a la fe no tiene nada de tal».
Para decirlo en breve, toda la plática y todo lo sucedido vino a parar en que encerraron a Tosilos hasta ver en qué paraba su mudanza.
Todos alababan a don Quixote por vencedor, pero los más estaban mohínos y descontentos de ver que los esperados combatientes no se habían hecho pedazos, ni más ni menos que se entristecen los muchachos cuando están esperando que saquen a ahorcar a uno, y el reo o el juez le perdonan.
Dispersóse la gente; el duque y don Quixote se volvieron al castillo; guardaron a Tosilos; doña Rodríguez y su hija quedaron más que contentas viendo que, de cualquier modo que fuese, aquel negocio había de acabar en bodas, y Tosilos otra cosa no deseaba.