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nydus/Don QuixotePublic
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Capítulo XX

muerto; y cuando todo esto no mueva ni ablande ese duro corazón, muévele este pensamiento y consideración: que apenas se habrá apartado vuestra merced de este lugar, cuando yo, de puro miedo, dejaré el alma en las manos de quien quisiere tomarla.

Dejé mi casa, a mi mujer y a mis hijos por venir a servir a vuestra merced, con intenciones de medrar y no de empeorar; pero como la codicia rompe el saco, a mí se me han roto las esperanzas, porque cuando más altas las tenía de conseguir aquella desdichada y mal afortunada ínsula que tantas veces vuestra merced me ha prometido, veo que por pago y en lugar della me queréis dejar agora en un lugar tan apartado de la humana conversación; por amor de Dios, señor mío, no me hagáis tal agravio, y si no queréis del todo dejar de pasar adelante en esta hazaña, a lo menos suspendedla hasta el día, que, según el saber que aprendí cuando era pastor, no deben de faltar tres horas para el alba, porque la boca del Bocin cruel está sobre la cabeza y hace medianoche en la línea del brazo izquierdo».

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