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nydus/Don QuixotePublic
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XXXIII

—¡Voto a Dios, señora —dijo Sancho—, que viene como anillo al dedo esa duda; mas vuestra merced dígalo y háblelo claro, o como quisiere, que yo sé que es verdad lo que dice, y que si yo tuviera discreción, había días que había dejado a mi amo; pero esta fue mi suerte, esta fue mi mala andanza; no puedo más, seguille tengo; somos de un mismo pueblo, he comido su pan, quiérole bien, es agradecido, dióme sus pollinos, y, sobre todo, soy fiel; y así, no nos podrá apartar otro sujeto que el pico y la pala.

Y si vuestra alteza no tiene gusto de darme el gobierno que me prometió, Dios me hizo sin él, y quizá el no dárselom redundará en más provecho de mi conciencia, que tonto soy, bien sé el refrán: «A la hormiga le nacieron alas para su mal», y podría ser que el zagal Sancho se adelantase más al cielo que el gobernador Sancho.

«A tal hora pan cocido», y «de noche todos los gatos son pardos», y «desdichado del que a las dos de la tarde no ha desayunado», y «no hay estómago que sea un palmo mayor que otro», el cual se puede henje «de paja y heno», como suele decirse, y «las avecicas del campo tienen a Dios por proveedor y provisor», y «más calientan cuatro varas de jerga de Cuenca que otras tantas de paño de Soria», y «cuando dejamos este mundo y nos meten en la huesa, por tan angosta senda camina el príncipe como el gañán», y «el cuerpo del papa no ocupa más pies de tierra que el del sacristán», con que el uno sea más alto que el otro, que cuando al sepulcro vamos, todos nos encogemos y apriecamos, o nos encogen y apriecan, a despecho y pesar nuestro, y luego —buenas noches.

Y vuelvo a decir que si vuestra señoría no tiene gusto de darme la isla por ser yo tonto, como discreto me tendré yo a no darme un ardite; yo he oído decir que «tras la cruz está el diablo», y que «no es oro todo lo que brilla», y que de entre los bueyes, y las rejas y los hachos, sacaron al labrador Wamba para ser rey de España, y de entre los brocados, los pasatiempos y las riquezas, sacaron a Rodrigo para ser comido de culebras, si los romances de los antiguos no mienten».

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