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nydus/Don QuixotePublic
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LXVII

—Advierte, Sancho —respondió don Quijote—, que yo traigo los refranes a propósito, y cuando los digo vienen como anillo al dedo; pero tú los traes por los cabellos, de modo que los arrastras y no los guías; si mal no me acuerdo, ya te he dicho otra vez que los refranes son sentencias breves, sacadas de la experiencia y observación de nuestros ancianos sabios; pero el refrán que no viene a propósito, antes es necedad que sentencia.

Mas déjemos esto, que, como ya la noche se va acercando, apartémonos un poco del camino real para pasarla en él; lo que Dios será servido de que nos suceda mañana, él se lo sabe.

Se apararon a un lado, y cenaron tarde y mal, muy a pesar de Sancho, que iba volviendo por su memoria los trabajos que en los bosques y selvas se pasaban a los andantes caballeros, aunque algunas veces la abundancia se ofrecía en los castillos y en las casas, como en la de don Diego de Miranda, en las bodas de Camacho el Rico y en la de don Antonio Moreno; mas pensaba entre sí que no podía ser siempre de día ni siempre de noche, y así, aquella noche la pasó durmiendo, y su amo desvelado.

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