Pero dejemos a Sancho en su ira, y paz sea con todos ellos; y volvamos a don Quijote, a quien dejamos con el rostro vendado y curado de las heridas de los gatos, de las cuales no sanó en ocho días; y en uno de ellos le sucedió lo que Cide Hamete promete relatar con la misma puntualidad y verdad con que suele tratar las cosas de esta gran historia, por mínimas que fuesen.
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XLVII
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