la casa de Dulcinea, ni en toda su vida la había visto, como ni su amo tampoco; de modo que entrambos estaban con la pena, el uno por verla y el otro por no haberla visto, y a Sancho le daba un mil de qué hacer pensar lo que había de hacer cuando su amo le enviase al Toboso. En resolución, don Quijote acordó de entrar en la ciudad al anochecer, y hasta que la hora llegó se estuvieron entre unas encinas que cerca del Toboso estaban; y, llegado el término concertado, entraron en la ciudad, donde les sucedió cosa que podrá ser llamada cosa.
Table of Contents
VIII
769