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nydus/Don QuixotePublic
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XVII

como no la hubo en la venta, se resolvió a ponerlo en una alcuza o frasco de ojalata, de que el ventero le hizo gracia y donación; y sobre el frasco dijo más de ochenta padrenuestros y otras tantas avemarías, salves y credos, acompañando cada palabra con una cruz a modo de bendición, a todo lo cual se hallaron presentes Sancho, el ventero y el cuadrillero; que el arriero ya se andaba con sosiego curando de sus mulas.

Hecho esto, sintió deseos de hacer él mismo la prueba en el acto de la virtud de aquel precioso bálsamo, como él lo tenía juzgado, y así se tragó cerca de una azumbre de los que no cupo en la alcuza y se quedó en el odre donde se había cocido; pero apenas hubo acabado de beber, cuando comenzó a vomitar de manera que no le cosa en el estómago, y con las ansias y los vómitos le dio un sudor frío, a cuya causa mandó que le abrigasen y le dejasen solo.

Hicieronlo así, y él durmió más de tres horas, al cabo de las cuales despertó y sintió un alivio grandísimo en su cuerpo y tanta mejoría en sus molimientos, que se tuvo por bien curado, y creyó sin duda que había acertado con el bálsamo de Fierabras, y que con aquello podía de allí adelante, sin peligro alguno, acometer a cualesquiera ruinas, batallas y empeños, por peligrosos que fuesen.

Sancho Panza, que también consideraba como milagrosa la enmienda de su amo, le rogó que le diese lo que en el odre había, que no era poca cantidad. Don Quixote se lo concedió, y él, tomándole con ambas manos, de buena fe y mejor talante, empujó y tragó muy poquito menos que su amo.

Mas la desdicha fue que el estómago del pobre Sancho no debió de ser tan delicado como el de su amo, porque, antes de vomitar, le dieron tales ansias y Vorágines, y tantos sudores y desmayos, que verdaderamente creyó ser suya la última hora; y viéndose tan molido y quebrantado, maldijo el bálsamo y al ladrón que se le había dado.

Don Quijote, viéndole en tal estado, le dijo:

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