Hizo Sancho lo que se le mandaba, y encaminóse por donde le pareció que podría hallar acogida sin salir del camino real, que allí era muy frecuentado. Yendo, pues, a paso a paso —porque el dolor de las quijadas de don Quijote le traía atolondrado y no consentía dar priesa—, parecióle a Sancho que sería bien entretenerle y desviarle con pláticas de alguna suerte, y entre las que le dijo fue la que se dirá en el siguiente capítulo.
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XVIII. En el que se cuenta la plática que tuvo Sancho Panza con su amo don Quijote, y otras aventuras dignas de relató
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