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nydus/Don QuixotePublic
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VII. De la segunda salida de nuestro buen caballero don Quijote de la Mancha

tronco de uncorno, y todo de envidia, porque ve que solo yo le hago competencia en sus hazañas. Mas no me llamaría yo Reinaldos de Montalbán si él no me lo pagase, a pesar de todos sus encantamientos, en levantándome deste lecho. Por agora traiganme de comer, que es lo que siento que me hará más al caso, y del vengarme déjenme a mí.

Hicieron lo que deseaba; le dieron algo de comer y, una vez más, se quedó dormido, dejándoles maravillados ante su locura.

Aqu aquella noche la ama quemó hasta cenizas todos los libros que había en el corral y en toda la casa; y debieron de arder algunos que merecían estar guardados en archivos eternos, pero su ventura y la flojedidad del examinador no lo permitieron, y así se cumplió en ellos el refrán que dice que pagan a las veces los justos por los pecadores.

Uno de los remedios que el cura y el barberillo ejecutaron luego en el mal de su amigo fue tapiar y echar argamasa en el aposento de los libros, porque cuando se levantase no los hallase (a ventura, quitada la causa, cesaría el efecto), y decir que un encantador se los había llevado, aposento y todo; y esto se ejecutó con toda velocidad.

Dos días después se levantó don Quijote, y lo primero que hizo fue ir a ver sus libros, y, como no hallaba el lugar donde le dejaba, andaba de acá para allá buscándole. Llegó adonde solía tener la puerta, y tentóla con las manos, y iba y venía los ojos por todo aquello, sin decir palabra; pero, despues de bien pasado un rato, preguntó a su ama que a qué parte estaba el aposento de sus libros.

El ama, que ya estaba bien instruida en lo que había de responder, dijo:

—¿Qué aposento ni qué nada busca vuestra merced? Ya no hay aposento ni libros en esta casa, porque el mesmo diablo se los ha llevado todo.

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