Que trata de la notable pendencia que Sancho Panza tuvo con la sobrina y el ama de Don Quijote, con otros acontecimientos güevos.
Cuenta la historia que el griterío que oyó don Quijote, el cura y el barbero era de la sobrina y el ama, que le decían a Sancho, el cual porfiaba por entrar a ver a don Quijote, y ellas le defendían la puerta:
—¿Qué quiere este vagamundo en esta casa? Idos a la vuestra, hermano, que sois vos, y no otro, el que desváis a mi señor y le lleváis por esos mundos y descarriados.
A lo que respondió Sancho:
«¡Diabla de ama! ¡Yo soy el engañado, y el extraviado, y el que anda arrastrado por el mundo, y no vuestro amo! Él me ha llevado por todo el universo, y estáis muy equivocada. Me sacó de mi casa con engaño, prometiéndome una ínsula, que todavía estoy esperando».
—¡Que las malas islas te ahoguen, detestable Sancho! —dijo la sobrina—. ¿Qué son islas? ¿Es algo de comer, glotón y zampón que estás hecho?
—No es cosa que se come —respondió Sancho—, sino de gobernar y mandar, y mejor que cuatro ciudades o cuatro alcaldías de Corte.
—Con todo y con eso —dijo el ama—, aquí no habéis de entrar vos, saco de maldades y costal de picardías; idos a gobernar vuestra casa y a cavar vuestra hazaña, y dejaos de buscar islas ni hilandas.
El cura y el barbero escucharon con mucha diversión las palabras de los tres; pero don Quijote, temeroso de que Sancho fuere a tascachapas y