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nydus/Don QuixotePublic
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XV. En que se cuenta la desgraciada aventura con que topó don Quijote al desmandarse con unos desalmados

—Bien puede ser que fuera montado como vuestra merced dice —respondió Sancho—, pero hay gran diferencia de ir montado a ir abultado como costal de estiércol.

A lo que don Quijote respondió:

«Las heridas que se reciben en los antes honran que quitan; y así, amigo Panza, no repliques más, sino, como otra vez te he dicho, levántate como pudieres y ponme sobre tu bestia del modo que más te agradare, y vayámonos de aquí antes que la noche nos alcance y nos coja en estos despoblados».

—Y, sin embargo, he oído decir a vuestra merced —observó Panza— que es muy propio de los caballeros andantes dormir en los despoblados y desiertos, y que lo tienen por grandísima ventura.

“Eso es —dijo don Quixote—, quando no pueden hacer otra cosa, o quando están enamorados; y es tan verdad esto, que ha habido caballeros que se han estado dos años en unas peñas, al sol y a la sombra y a las inclemencias del cielo, sin que sus señoras lo supiesen; y uno de éstos fue Amadís, cuando, bajo el nombre de Beltenebros, se alojó en la Peña Pobre por —no sé si fueron ocho años o ocho meses, que no estoy muy seguro de la cuenta—; a lo menos, allí se estuvo haciendo penitencia por no sé qué desagrado que la princesa Oriana le había tomado; mas déjese esto agora, Sancho, y date priesa, antes que a pie y a asno le suceda otra desgracia como la de Rocinante.”

—Mil demonios cargarían con ello en tal caso —dijo Sancho—; y soltando treinta «ohes», y sesenta suspiros, y ciento y veinte maldiciones

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