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nydus/Don QuixotePublic
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XLVI

Mandaron traer aceite de hipérico, y la misma Altisidora, de su propia mano, le vendó todas las heridas, y al hacerlo le dijo en voz baja: > «Todos estos malos sucesos te han venido, caballero pedernal, por el pecado de tu dureza y terquedad; y plega a Dios que se olvide tu escudero Sancho de azotarse, para que no se vea libre de su encanto esa tu tan amada Dulcinea, ni tú llegues a su lecho, por lo menos en tanto que viva yo, que te

A todo esto no respondió don Quijote otra cosa sino dar grandes suspiros, y después se tendió en su lecho, dando las gracias a los duques por la merced que le habían hecho, no porque él tuviese temor de aquella chusma campanuda y encantadora en figura de gatos, sino porque había conocido la buena intención suya en habedle venido a socorrer.

Los duques le dejaron que reposase, y retiráronse, con harto pesar del mal suceso de la burla, porque no pensaron que tan pesada fuera a ser ni que le costara a don Quijote tanto, que le costó cinco días de estar en el lecho, en los cuales le sucedió otro acontecimiento, más gustoso que el pasado, el cual no le cuenta ahora su cronista por acudir a Sancho Panza, que con gran solicitud y donaire procedía en su gobierno.

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