me han quebrantado los huesos; y ni he tenido lugar de coger cohechos ni de cobrar derechos; y siendo esto así, como lo es, no merezco, a mi parecer, salir desta manera; mas Dios la sabe y el juego anda en balanzas; y cada uno se atienda a su rueda; y no digas “de esta agua no beberé”; y donde se piensa que hay tocinos, no hay estacas; Dios me entiende y basta; no digo más, aunque pudiera».
—No te enojes ni te desgastes por lo que oyeres, Sancho —dijo don Quijote—, que no habrá acabado jamás; ten la conciencia segura y digan lo que dijeren, que querer poner puertas al campo es como querer atajar la lengua de los malicientes. Si el gobernador sale rico de su gobierno, dicen que ha sido ladrón; y si sale pobre, que ha sido un desdichado y un tonto.
—Esta vez —dijo Sancho—, bien podrán tenerme por tonto antes que por ladrón.
Así hablando, y rodeados de muchachos y de una turba de gente, llegaron al castillo, a donde en uno de los corredores los duques estaban esperando; mas Sancho no quiso subir a ver al duque hasta que primero no acudió a alojar al rucio en la caballeriza, porque dijo que le había pasado muy mala noche en el aposento pasado; y luego subió arriba a ver a sus señores, y, hincada la rodilla ante ellos, dijo: > «Porque fue la voluntad de vuestras altezas, y no por merecimiento mío, fui a gobernar vuestra ínsula Barataria, la cual “entré desnuda y desnudo me hallo; ni gano ni pierdo”. Si he gobernado bien o mal, testigos he tenido que dirán lo que quisieren. Yo he respondido a preguntas, yo he sentenciado causas, y todo lo he pasado hambriento, porque así lo quería el doctor Pedro Recio, médico de la ínsula y del gobernador. Enemigos nos asaltaron de