y ajeno del conocimiento del verdadero Dios, con todo eso, para el sufrimiento de la humana fragilidad dijo bien; porque ¿qué importa que le maten a uno en el primer reencuentro o refriega, o de un tiro de artillería, o volado de una mina? No es nada, sino morir, y todo se acaba; y, según Terenciano, mejor parece el soldado muerto peleando que vivo y seguro huyendo; y tanto gana de fama el buen soldado cuanto es obediente a sus capitanes y a los que le mandan. Y advierte, hijo, que al soldado más le vale oler a pólvora que aalia, y que si la vejez te alcanza en este tan honrado ejercicio, aunque estés lleno de heridas y cojo y manco, a lo menos no te alcanzará sin honra, y tal que no la menoscabe la pobreza; cuanto más que ahora se va ordenando de dar orden y comodidad a los soldados viejos y cojos, porque no es justo tratar a los tales como a los que libran y despiden de sí a sus negros esclavos cuando son viejos y inútiles, y, echándolos de casa con título de horros, los hacen esclavos de la hambre, de la cual no esperan salir
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