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nydus/Don QuixotePublic
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XLIII

Yo te aseguro que estos refranes te han de llevar un día a la horca, y te han de quitar el gobierno tus vasallos, o ha de haber divisiones entre ellos. Dicieme, ¿dónde los hallas, bestia? ¿Cómo los aplicas, tonto? Que para decir uno y aplicarle bien, ¿sudo y trabajo como si

—¡Voto a tal, señor mío —dijo Sancho—, que se aflije vuestra merced por poco! ¿Por qué diablo se enoja de que yo use de lo mío, y que no tengo otra hacienda, ni otro caudal alguno, sino refranes y más refranes? Y agora se me acaban de venir tres a la boca, que vienen como de molde, y pintiparados como peras en almíbar; mas no los diré, porque al buen callar llaman Sancho.

—Eso, Sancho, no lo eres tú —dijo don Quijote—, porque no solamente no eres sabio silencio, sino mal a propósito y necio parlero; y, con todo eso, querría saber qué tres refranes te vinieron ahora a la memoria, que yo voy recorriendo la mía —que es buena— y no me ocurre ninguno.

—¿Qué puede ser mejor —dijo Sancho— que «nunca pongas tus pulgares entre dos muelas cordiales», y que «a “sal de mi casa” y a “¿qué quieres con mi mujer?” no hay respuesta», y que «tanto si da el cántaro en la piedra, como si da la piedra en el cántaro, mal para el cántaro»?; las cuales cosas vienen como de molde. Porque nadie ha de reñir con su gobernador, ni con quien le manda, porque llevará lo peor, como el que pone los dedos entre dos muelas, y si no son muelas cordiales, no importa, con tal que sean muelas; y a lo que el gobernador dijere no hay que replicar, ni más ni menos que a «sal de mi casa» y a «¿qué quieres con mi mujer?»; y luego, aquello del cántaro y de la piedra, un ciego lo ve.

De modo que «el que ve la paja en el ojo ajeno, bien ha de ver la viga en el suyo», para que no digan de él «espantóse la muerta de la degollada»; y vuestra merced sabe muy bien que «más sabe el necio en su casa, que el sabio en la ajena».

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