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nydus/Don QuixotePublic
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XXVII

lo quiera Dios. > > Cuatro cosas son aquellas por las cuales los hombres prudentes y las repúblicas bien ordenadas deben tomar las armas, y poner en almoneda sus personas, vidas y haciendas. La primera, por la defensa de la fe católica; la segunda, por la defensa de su vida, lo cual es conforme a la ley natural y divina; la tercera, en defensa de su honra, familia y hacienda; la cuarta, en servicio de su rey en guerra justa; y si a estas cuatro quisiéramos añadir una quinta (la cual se puede juntar con la segunda), es la defensa de su patria. A estas cinco causas, como principales, se pueden añadir algunas otras que sean justas y razonables, y que obliguen a tomar las armas; pero tomarlas por niñerías y por cosas que antes tocan en risa y pasatiempo que en afrenta, parece que le falta el juicio a quien lo hace. > > Cuanto más, que tomar injusta venganza (porque justa no la puede haber alguna) contraviene directamente a la santa ley que profesamos, en la cual se nos manda que hagamos bien a nuestros enemigos y que amemos a los que nos aborrecen; mandamiento que, aunque parece que pone alguna dificultad en el cumplimiento, no la tiene sino para aquellos que tienen menos de Dios que del mundo, y más de carne que de espíritu; porque Jesucristo, Dios y hombre verdadero, que nunca mintió, ni pudo ni puede mentir, dijo, como legislador nuestro, que su yugo era suave y su carga liviana; y así, no nos había de imponer cosa que fuera imposible de cumplir. De manera que, señores, por las leyes humanas y

«Mal rayo me parta», dijo Sancho para sí a esta sazón, «si este mi amo no es teólogo; o, si no lo es, ¡por Dios que se le parece como un huevo a otro!».

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