tiempo mal, el que se gasta en andar por el mundo, no buscando los regalos de él, sino las asperezas por donde los buenos suben a los asientos de la inmortalidad? Si los caballeros, si los magnates, si los nobles y los bien nacidos me juzgasen por loco, tuviérame por injuria irreparable; pero de que los estudiantes me tengan por tal, que jamás entraron ni pisaron los vestíbulos de la caballería, no se me da un ardite. Caballero soy, y caballero moriré, si place al Altísimo. Unos van por el ancho camino de la ambición soberbia; otros, por el de la adulación servil y baja; otros, por el de la hipocresía engañosa, y otros, por el de la verdadera religión; pero yo, inclinado de mi estrella, voy por la estrecha senda de la caballería andante, por cuyo ejercicio desprecio la hacienda, pero no la honra. Yo he satisfecho agravios, enmendado tuertos, castigado insolencias, vencido gigantes y atropellado monstruos; yo estoy enamorado, no por otra obligación que por ser convenible a los caballeros andantes estarlo; y, siéndolo, no soy de los enamorados viciosos, sino de los platónicos y castos. Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son the hacer bien a todos y mal a ninguno; si el que esto entiende, si el que esto obra, si el que esto practica merece ser llamado necio, júzguenlo vuestras altezas, ¡oh excelentísimo duque y
—¡Bien por Dios! —exclamó Sancho—; no hable más en su defensa, señor mío, que no hay ya qué decir, ni replicar, ni qué insistir en el mundo; y más que, negando este caballero, como ha negado, que los ha habido ni hay caballeros andantes en el mundo, ¿qué mucho que no sepa nada de lo que ha hablado?
—Quizá, hermano —dijo el eclesiástico—, seáis vos aquel Sancho Panza de quien se anda hablando, a quien su amo ha prometido una ínsula?