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nydus/Don QuixotePublic
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XVIII. En el que se cuenta la plática que tuvo Sancho Panza con su amo don Quijote, y otras aventuras dignas de relató

andantes, o que vuestra merced lo es (que yo no tengo por qué contarme en número tan honrado), jamás hemos ganado batalla alguna, si no fue la del vizcaíno, y aun de aquella salió vuestra merced con media oreja y la mitad de la celada menos; y de allí a esta parte no ha sido todo sino palos y más palos, puñadas y más puñadas, llevándome yo la mantas por añadidura, y topando con encantados, de quien no me puedo vengar para saber qué sabe el gusto, como vuestra merced dice, de vencer a los enemigos.

—Eso es lo que me aflige, y lo que te debiera afligir a ti, Sancho —respondió don Quijote—; mas ya desde ahora procuraré tener a mano alguna espada hecha por tal arte, que ningún género de encantamientos alcance al que la llevare; y tal ventura podría ser que me de la que fue de Amadís, cuando se llamaba «el Caballero de la Ardiente Espada», que fue una de las mejores espadas que tuvieron caballero en el mundo, porque, fuera de la virtud dicha, cortaba como una naviza, y no había armadura por fuerte y encantada que fuese que le hiciese resistencia.

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