a menudo, le han devanado el seso; que agora me acuerdo averle oído dezir muchas vezes, a solas con sigo mesmo, que quería dezirse cavallero andante y irse a buscar las aventuras por el mundo. ¡Malditos y malilla sean tales libros, que ansí han trastoqueado el más gracioso entendimiento que avía en toda la
La sobrina dijo lo mismo y, además:
«Bien debe de saber vuestra merced, maese Nicolás»—que este era el nombre del barbero—, «que muchas veces le acontecía a mi tío estarse dos días y dos noches enteras leyendo en estos desdichados libros de locuras, tras lo cual arrojaba el libro de las manos, y ponía mano a la espada, y empezaba a dar cuchilladas contra las paredes; y, cuando estaba muy cansado, decía que había matado cuatro gigantes como cuatro torres; y el sudor que le bebía del cansancio decía que era sangre de las heridas que había recibido en la batalla; y luego bebía un gran jarro de agua fría, y con esto se sosiega y reposa, diciendo que aquella agua es una preciosísima bebida que el sabio Esquife, gran encantador y amigo suyo, le había traído. Mas yo tengo la culpa de todo, por no habérselo advertido a vuestra mercedes para que remediaran esto antes de llegar a tal extremo, y quemaran todos estos malditos libros—que tiene una gran cantidad—, que bien merecen ser quemados como herejes».
—Lo mismo digo yo —dijo el cura—, y a fe que no pase el día de mañana sin que den público juicio de ellos, y sean condenados al fuego, porque no den ocasión de que los que los leyeren hagan lo que este mi buen amigo parece que ha hecho.