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nydus/Don QuixotePublic
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LXXIV

que me confiese y un escribano que haga mi testamento; que en tales trances como éste no se ha de jugar con el alma; y suplicaríase que, en tanto que el cura me confiesa, vayan por el escribano.

Se miraron el uno al otro, extrañados de las palabras de don Quijote; mas, aunque dudosos, le querían creer, y una de las señales por las que coligieron que se moría fue el haber vuelto tan de repente y tan por entero al juicio, después de haber estado loco; porque a las ya dichas palabras añadió otras muchas tan bien formadas, tan devotas y tan racionales, que acabaron de quitar la duda y de creer que estaba sano.

El cura hizo salir a todos fuera, y se quedó solo con él y se le confesó. El bachiller fue por el escribano y volvió poco después con él y con Sancho, el cual Sancho, que ya sabía por el bachiller en qué estado su amo estaba, hallando a la ama y a la sobrina llorando, comenzó a boquear y a echar lágrimas.

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