señor y el criado, entre el caballero y el escudero; de modo que desde este día en adelante nos hemos de tratar con más respeto y tomar menos libertades, porque de cualquier manera que yo me enoje contigo habrá mal para el cántaro. Las mercedes y beneficios que te he prometido vendrán a su tiempo, y si no vinieren, el salario al menos no se perderá, como ya te tengo dicho.
—Todo cuanto vuestra merced dice está muy bien —dijo Sancho—, pero querría saber (en caso que no venga el tiempo de los favores, y que sea necesario venir a las soldadas) cuánto ganaba el escudero de un caballero andante en aquellos tiempos, y si concertaban por meses, o por días, como los albañiles.
—No creo —respondió don Quijote— que tales escuderos estuviesen jamás a sueldo, sino que eran de merced; y si yo ahora he puesto el tuyo en el testamento cerrado que dejé en casa, fue a tu Faneguero por lo que pudiese suceder; porque aún no sé cómo saldrá la caballería en estos tan calamitosos tiempos nuestros, y no quisiera que mi alma se turbase en el otro mundo por cosas de poca importancia; porque has de saber, Sancho, que no hay estado más peligroso que el de los caballeros andantes.