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nydus/Don QuixotePublic
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XIX. Del discretísimo discurso que Sancho pasó con su amo, y de la aventura que le sucedió con un cuerpo muerto, t

—Eso os diré yo —respondió Sancho—; es la causa porque os he estado mirando un rato ha a la lumbre de la hacha que lleva aquel malandante, y verdaderamente tiene vuestra merced agora el más mal afortunado rostro que jamás he visto: o debe de ser del cansancio deste combate, o ya de la falta de las muelas y dientes.

—No es eso —respondió don Quijote—, sino que el sabio a cuyo cargo debe estar el escribir la historia de mis hazañas debió de parecerle que convenía que yo me tomase algún nombre sobrenombre, como lo solían tomar todos los caballeros andados: cuál se ponía «del Ardiente Espada», cuál «del Unicornio», aquel «de las Doncellas», este «del Fénix», otro «el Caballero del Grifón», y otro «la Muerte», y por estos nombres y devisas eran conocidos por todo el orbe de la tierra; y así, digo que el sabio predicho debió de poner en tu boca y en tu pensamiento ahora que me llamases «el Caballero de la Triste Figura», como desde hoy me quiero autonombrar; y para que este nombre me cuadre mejor, tengo intención de hacerme pintar, cuando haya lugar, en mi escudo una muy triste figura.

—No hay para qué, señor —dijo Sancho—, gastar tiempo ni dineros en hacer ese rostro, porque para todo lo que cumple no hay sino que vuestra merced vuelva el suyo, cara a cara, a los que le miraren, y sin más hacer, ni imagen ni rodela, le llamarán el de la Triste Figura; y créame que le digo la verdad, porque le hago a vuestra merced cierto (y sea dicho con buena parte) que la hambre y la caída de las muelas le han desfigurado el rostro de manera que, como digo, muy bien se puede escusar la triste pintura.

Don Quijote se rio de la gracia de Sancho; con todo, determinó llamarse de aquel nombre, y pintar su rodela o escudo del modo que se lo había imaginado.

Don Quijote hubiera querido ver si el cuerpo que iba en las parihuelas eran huesos o no, pero Sancho no lo consintió, diciendo:

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