conocer por el fin y blanco a que cada uno se dirige; porque aquél se debe estimar en más que tiene por objeto más noble. El fin y blanco de las letras —y no hablo agora de las divinas, cuyo fin es llevar y encaminar las almas al cielo, que a fin tan infinito como éste no se le puede poner otro que le iguale—, hablo de las humanas, cuyo fin es ensalzar la justicia distributiva y dar a cada uno lo que es suyo, y entender que las buenas leyes se guarden: fin por cierto generoso y alto, y digno de grande alabanza, pero no de tanto como merece el de las armas, las cuales tienen por fin y objeto la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida. Así que las primeras buenas nuevas que tuvo el mundo y los hombres fueron las que dieron los ángeles la noche que fue nuestro día, cuando cantaron en los aires: «Gloria sea en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad»; y la salutación que el mismo maestro del cielo y de la tierra enseñó a sus allegados y escogidos cuando entraban en las casas era decirles: «Paz sea en esta casa»; y otras muchas veces les dijo: «Mi paz os doy, mi paz os dejo, la paz sea con vosotros»; joya y dádiva tal dada y dejada por tal mano, joya sin la cual no puede haber bien ninguno ni en la tierra ni en el cielo. Esta paz es el verdadero fin de la guerra, porque las armas y la guerra una misma cosa son. Y presupuesto esto, que el fin de la guerra es la paz, y que en esto se vence al fin de las letras, pasemos a los trabajos del cuerpo del letrado y a los del profesor de armas, y veamos cuáles son mayores».
Don Quijote pronunció su discurso de tal manera y con tan correcto lenguaje, que por entonces hizo imposible que ninguno de sus oyentes lo tuviera por loco; antes bien, como eran casi todos hidalgos, a quienes las armas son anejas por nacimiento, le escucharon con gran gusto mientras proseguía: > «Aquí, pues, digo que padece el estudiante; primero, en la pobreza: no porque todos sean pobres, por poner el caso en todo extremo; y cuando he dicho que padece pobreza, me parece que no hay que decir más de su mala