CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Don QuixotePublic
Página 322 de 1353
Table of Contents

XXIII. De lo que le sucedió a don Quijote en Sierra Morena

—Así será —dijo el de la Triste Figura—, y mucho me huelgo de que quieras fiarte de mi valor, el cual nunca te ha de faltar, aunque te falte el alma del cuerpo; y así, veme siguiendo poco a poco lo mejor que pudieres, y haz de tus ojos linternas; rodeemos esta cuesta; quizás daremos con este hombre que vimos, que sin duda no debe de ser otro que el dueño de lo que hallamos.

A lo que respondió Sancho:

«Mucho mejor sería no buscarle; porque si le hallamos, y viene a ser el dueño de la hacienda, claro está que se la tengo de restituir; será, pues, mejor que, sin tomar este baladí trabajo, me la guarde hasta que de otra vía menos curiosa y oficiosa parezca el verdadero señor, que tal vez será cuando se me haya gastado, y entonces el rey me absuelva».

—En eso te equivocas, Sancho —dijo don Quijote—, porque ahora que tenemos sospechas de quién es el dueño, y casi le tenemos delante, estamos obligados a buscarle y a hacerle la restitución; y si no le viéremos, la grande sospecha que tenemos de ser él nos hace tan culpados como si lo fuera; y así, amigo Sancho, no te dé pena la pesadumbre que llevamos de buscarle, que si le hallamos, me quitará a mí el cuidado.

Y diciendo esto dio espuela a Rocinante, y Sancho le siguió a pie y cargado, y habiendo andado parte del cerro, hallaron en un arroyo tendida, muerta y media comida de perros y picada de grajos, una mula ensillada y entresacada; todo lo cual les confirmó más la sospecha de que el que huyó era dueño de la mula y del adarga.

Mientras lo contemplaban, oyeron un silbido como el de un zagal que guarda su rebaño, y de improviso apareció a su izquierda un gran número de cabras y, detrás de ellas, en la cumbre del monte, el cabrero que las cuidaba, hombre de avanzada edad.

322