era de Basilio y Basilio era de Quiteria por la justa y providente disposición del cielo. Camacho es rico y podrá comprar su gusto cuando, donde y como le viniere a cuento; Basilio no tiene más que esta sola oveja, y nadie, por poderoso que sea, se la ha de quitar; a los que Dios ha unido, el hombre no los puede separar; y el que lo intentare ha de pasar primero por la punta desta lanza; y a diciendo esto, la blandió con tanta fuerza y destreza, que puso pavor en todos los que no le
Pero tan profunda impresión había hecho el rechazo de Quiteria en el ánimo de Camacho, que la desterró al punto de sus pensamientos; y así prevalecieron en él los consejos del cura, que era un hombre sabio y de buenas intenciones, y por medio de ellos él y sus partidarios se aquietaron y tranquilizaron, y para demostrarlo envainaron de nuevo las espadas, cargando los tintes contra la poca firmeza de Quiteria más que contra la astucia de Basilio; sosteniendo Camacho que, si como doncella había tenido tal amor a Quiteria por Basilio, también se lo habría tenido casada, y que debía dar gracias al cielo más por habérsela quitado que por habérsela dado.
Consolados y pacificados, por tanto, Camacho y los de su bando, los de la parte de Basilio se aquietaron; y el rico Camacho, por mostrar que no le pesaba la burla ni la estimaba en nada, quiso que la fiesta pasase adelante, bien como si en realidad se casara. Pero ni Basilio, ni su esposa, ni los suyos quisieron hallarse en ella, y se retiraron a la aldea de Basilio; que el pobre, si es virtuoso y honrado, tiene quien le siga, honre y defienda, como el rico tiene quien le adulote y sirva. Llevaron consigo a don Quijote, teniéndole por hombre valiente y por persona de pro.