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nydus/Don QuixotePublic
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XII. De lo que contó un cabrero a los que iban con don Quijote

Que cierto tengo que ha de ser cosa digna de verse; a lo menos, yo no dejaré de ir a verla, aunque supiese no volver mañana al lugar.

—Nosotros haremos lo mismo —respondieron los cabreros—, y echaremos suertes para ver a quién le toca quedarse a cuidar las cabras de todos.

—Bien dices, Pedro —dijo otro—, aunque no será necesario tomarse ese trabajo, pues yo me quedaré atrás por todos; y no creáis que es por virtud o falta de curiosidad en mí; es que la astilla que se me clavó en el pie el otro día no me deja caminar.

—A pesar de todo, te damos las gracias —respondió Pedro.

Don Quijote le pidió a Pedro que le dijera quién era el difunto y quién la pastora, a lo que Pedro respondió que todo lo que sabía era que el muerto era un hidalgo rico, natural de un lugar de aquellas montañas, que había estado estudiando en Salamanca muchos años, al cabo de los cuales había regresado a su pueblo con fama de muy entendido y letrado.

«Sobre todo —decían—, era muy sabio en la ciencia de las estrellas y de lo que pasaba allá en el cielo y en el sol y la luna, porque nos anunciaba los cris del sol y de la luna a su punto».

«Eclipse se llama, amigo, y no cris, el apagamiento de esos dos luminares», dijo don Quijote; mas Pedro, no curándose de nugatorias, siguió su cuento, diciendo: «Ansimesmo pronosticaba cuándo había de ser el año de abundancia o de estilidad».

—Esterilidad, quieres decir —dijo don Quijote.

—Estéril o estilitas —respondió Pedro—, todo viene a ser lo mismo al fin y al cabo. Y bien os puedo decir que por esto su padre y sus amigos, que le creyeron, se hicieron muy ricos, porque hacían lo que él les aconsejaba,

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