me hace favor? Yo no imprimo mis libros para ganar fama en el mundo, que ya soy en él conocido por mis obras; yo quiero ganar dinero, que sin él la fama no vale un ardite.
—Dios le dé a vuestra merced mucha suerte —dijo don Quijote—; y pasó adelante a otro caso, donde vio que corregían un pliego de un libro que tenía por título Luz del alma; y, reparando en él, dijo—: Libros como éste, aunque hay muchos de este género, son los que se han de imprimir, porque son muchos los pecadores que se usan, y son menester ininitas luces para todos los que están en tinieblas.
Siguió adelante y vio que también estaban corrigiendo otro libro, y al preguntar su título le dijeron que se llamaba El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, segunda parte, de un tal natural de Tordesillas.
—Ya tengo noticia de este libro —dijo Don Quixote—, y en verdad y en mi conciencia que pensé que ya estaba quemado y hecho cenizas por bellaco e intruso; pero su San Martín le llegará como a cada puerco; que las consejas poéticas tanto tienen de agradables cuanto se allegan a la verdad y a la semejanza della; y las historias verdaderas, tanto son mejores cuanto más verdaderas son. Y con esto se salió de la imprenta con muestras de algún descontento.
Aquel mesmo día convidó don Antonio a don Quixote a que fuese a ver las galeras que estaban en la playa, de que recibió Sancho gran contento, porque jamás las había visto en toda su vida. Avisó don Antonio al capitán de las galeras que aquella tarde iría a dellas a verlas con su huésped el famoso don Quixote de la Mancha, de cuya fama estaban ya enterados el tal capitán y casi todos los ciudadanos; y lo que en ellas pasó se contará en el capítulo siguiente.