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nydus/Don QuixotePublic
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XLIII

—No, Sancho —dijo don Quijote—, el necio ni sabe de su casa ni de la ajena, porque sobre cimiento de necedad no se puede edificar ningún discreto edificio; mas déjese esto así, Sancho, que si mal gobiernas, tuyo será el cargo y mía la vergüenza; mas consuélome de haber hecho mi obligación en aconsejarte con veras y con la mayor discreción que he supyo, y con esto he cumplido con mi obligación y con mi promesa. Dios te guíe, Sancho, y te gobierne en tu gobierno, y a mí me saque del recelo que tengo de que has de dar al traste con toda la ínsula, lo cual pudiera yo fácilmente estorbar, descubriendo al duque quién eres, y diciéndole que toda esa persona tuya, rechoncha y gorda, no es otra cosa que un costal lleno de refranes y de malicias.

—Señor —dijo Sancho—, si vuestra merced le parece que no he de ser a propósito para este gobierno, desde aquí le doy y alzo la mano; que más quiero un asomo de la uña de la alma que todo mi cuerpo, y tan bien me sé yo sustentar con pan y cebolla siendo Sancho, como siendo gobernador con perdices y capones; y más, que mientras dormimos, todos somos iguales, los grandes y los pequeños, los ricos y los pobres.

Mas si vuestra merced mira en ello, verá que vuestra merced solo me metió en este trotecillo de gobernar; que yo no sé más de gobiernos de ínsulas que un milano; y si se imagina que por ser gobernador me ha de llevar el diablo, más quiero irme Sancho al cielo que gobernador al infierno.

—¡Voto a Dios, Sancho —dijo don Quijote—, que por esas solas últimas palabras que has pronunciado tengo para mí que mereces ser gobernador de una ínsula de las mil! Tienes buenos naturales, sin los cuales ninguna ciencia vale nada; encomiéndate a Dios, y procura no errar en el blanco de tu principal intención; digo, que siempre tengas por blanco y término adonde encamines tus deseos el acertar en todos los casos que se te ofrecieren, porque el cielo siempre favorece los buenos deseos; y vámonos a comer, que me parece que el señor duque y la señora duquesa nos están esperando.

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