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nydus/Don QuixotePublic
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LXI

De lo que le sucedió a don Quijote al entrar en Barcelona, con otras cosas que tienen más de lo verdadero que de lo discreto.

Don Quijote pasó tres días y tres noches con Roque, y si pasara tres cientos años, hallara qué observar y de qué admirarse en su modo de vida.

Al romper el día estaban en un sitio, a la hora de comer en otro; unas veces huían sin saber de quién, y otras se aguardaban sin saber qué. Dormían de pie, interrompiendo el sueño para mudarse de lugar. No era otra cosa el ejercicio sino espías y escuchas, poner centinelas y soplar las mechas de los arcabuces, aunque traían pocos, porque casi todos usaban pedreñales.

Roque pasaba las noches en alguna parte u otra, apartado de los suyos, porque no supiese ninguno dónde estaba, que las muchas pragmáticas que el virrey de Barcelona había publicado contra su vida le traían con cuidado y desasosiego, y no se fiaba de nadie, temeroso de que los suyos mismos le habían de matar o entregar a la justicia; y, a la verdad, ¡vida trabajosa y miserable!

Finalmente, por caminos desusados, atajos y sendas ocultas, llegaron Roque, Don Quijote y Sancho, con otros seis escuderos, a las puertas de Barcelona. Llegaron a la playa la noche de San Juan, y Roque, después de abrazar a Don Quijote y a Sancho (a quien dio los diez escudos que le había prometido y hasta entonces no se los había dado), se despidió dellos con muestras de mucho ofrecimiento de ambas partes.

Roque volvió, mientras que Don Quijote se quedó a caballo, tal como estaba, aguardando el día, y no tardó mucho en mostrarse por los

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