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nydus/Don QuixotePublic
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XXVII

visitar primero las riberas del Ebro y aquellos contornos, antes de entrar en la ciudad de Zaragoza, pues el mucho tiempo que le sobraba hasta lasjustas se lo concedía. Con este propósito siguió su camino y anduvo por él dos días sin toparse con acontecimiento alguno digno de ponerse por escrito, hasta que al tercer día, al subir por una cuesta, oyó un gran ruido de tambores, trompetas y arcabuzazos. Al principio se imaginó que pasaba por allí algún regimiento de soldados, y para verlos espoleó a Rocinante y subió la cuesta. Cuando llegó a la cumbre vio al pie de ella más de dos hombres, según le pareció, armados de diversos géneros de armas, lanzas, ballestas, partesanas, alabardas y picas, y algunos arcabuces y muchísimas adargas. Bajó la pendiente y se acercó a la tropa lo bastante para ver distintamente las banderas, distinguir los colores y descifrar las divisas que llevaba, especialmente una en un estandarte o bandera de raso blanco, en el cual estaba pintado con mucha viveza un asno como un pollinico, la cabeza levantada, la boca abierta y la lengua fuera, en el acto y postura de rebuznar; y alrededor dél estaban escritos con letras grandes estos dos versos:

No rebuznaron en vano, Nuestros alcaldes de mano.

De este artificio coligió don Quixote que debia de ser gente de aquel pueblo del rebuzno, y díxolo a Sancho, declarándole lo que en el estandarte venia escrito. E hizo consideracion que se habia engañado el hombre que les dio la relacion del casso, quando dixo que los dos que rebuznaban eran regidores, pues por las letras del estandarte se echaba de ver que eran alcaldes. A lo qual respondió Sancho: —Señor, no hay que reparar en eso, que bien podria ser que los regidores que entonces rebuznaron hayan venido a ser alcaldes de su pueblo con el tiempo, y mas pueden ser nombrados por entrambos titulos; y aun no importa nada a la verdad de la historia

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