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nydus/Don QuixotePublic
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LIV

en esta traza de moharrache que traes? Dime, ¿quién te ha francés a ti, y cómo osas volver a España, que si te cogen y te conocen, te ha de costar bien caro?

—Si no me traicionas, Sancho —dijo el peregrino—, estoy a salvo; pues con este traje nadie me reconocerá; pero apartémonos del camino hacia aquel olivar de ahí, donde mis compañeros van a comer y a descansar, y tú comerás con ellos allí, porque son muy buenos muchachos; bien tendré tiempo entonces de contarte todo lo que me ha sucedido desde que salí de nuestro lugar en obediencia al edicto de su Majestad que amenazaba con tantas severidades a la gente desdichada de mi nación, como habrás oído.

Sancho obedeció, y habiendo hablado Ricote con los demás peregrinos, se apartaron hacia una arboleda que allí se parecía, desviándose harto trecho del camino. Arrojaron los bordones, despojáronse de las esclavinas y se quedaron en cuerpo; y todos eran mancebos de buen parecer, excepto Ricote, que era un hombre algo adelantado en años. Todos traían alforjas, y todas, a lo que parecía, bien apretadas, a lo menos de cosas provocativas y que llamaban a la sed de dos leguas. Extendiéronse por el suelo, y, haciendo manteles de la hierba, pusieron sobre ella pan, sal, nabos, nueces, pedazos de queso y huesos de jamón mondados, que si no se podían mascar, no se dejaban de chupar. Pusieron también una golosina negra llamada, según dicen, caviar, y es hecha de güevos de pescados, gran despertador de la sed. No faltaron aceitunas, aunque secas y sin adobo alguno, pero sabrosas y gustosas. Mas lo que llevó la peor parte en el campo del banquete fueron media docena de botas de vino, que cada cual sacó la suya de sus alforjas; hasta el mesmo buen Ricote, que de morisco se había trocado en alemán o tudesco, sacó la suya, que en grandeza podía competir con las cinco. Comenzaron a comer con muchísimo gusto y muy de despacio, alabando cada bocado, que le tomaban en la punta del cuchillo y muy poquito de cada cosa; y luego, a un mesmo tiempo, todos alzaban los brazos y las botas en alto, puestos

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