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nydus/Don QuixotePublic
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XIX

—Pronto lo veremos —respondió Corchuelo, y apeándose con presteza de su burro, sacó con furia una de las espadas que el licenciado llevaba sobre su bestia.

—No ha de ser ése el modo —a este punto dijo don Quijote—; yo quiero ser el director de esta esgrima y juez de esta jamás bien vista cuestión; —y apeándose de Rocinante y asiendo de su lanza, se plantó en mitad del camino, al mismo tiempo que el licenciado, con gentil aire y paso suelto, se llegó a Corchuelo, el cual venía contra él echando fuego por los ojos, como suele decirse.

Los otros dos de la compañía, que eran los labradores, sin apearse de los burros, servían de espectadores de la tragedia mortal.

No se pueden decir los tusones, estocadas, mandobles, reveses y dársenas que Corchuelo tiraba, que llovían más espesas que lúpulo o granizo. Acometía como león airado, mas topó con un coscorrón que en la boca le dio el botón de la espada del licenciado, que le atajó en lo más hobre de su furioso correr, y le hizo besar el botón como a reliquia, aunque no con mucha devoción de las que se deben y suelen besar las reliquias.

En resolución, el licenciado se las contó por estocadas todas las botoneras de la casaca corta que traía, y le hizo girones las faldas della, como rabos de pulpo; hízole saltar el sombrero dos veces, y cansóle de suerte que, de pesado, de enojado y de rabioso, tomó la espada por la empuñadura y la arrojó con tanta fuerza, que uno de los labradores que allí estaban, que era escribano, el cual fue por ella, dio después por fe que la había arrojado casi tres cuartos de legua, el cual testimonio servirá y ha servido para que se conozca y averigüe por verdad que puede más la maña que la fuerza.

Corchuelo se sentó cansado, y acercándosele Sancho, le dijo: —A fe, señor bachilier, que si vuestra merced me toma mi consejo, no ha de desafiar a nadie a esgrima, sino a luchar y a tirar la barra, pues tiene la edad y fuerzas para ello; que en eso de los que llaman esgrima, he oído decir que atraviesan con la punta de una espada el ojo de una aguja.

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