En resumen, la hermosura y bondad de Camila, unidas a la ocasión que el ciego esposo había puesto en sus manos, derribaron la lealtad de Lotario; y no atendiendo a otra cosa que al blanco adonde sus deseos le inclinaban, después que Anselmo hubo estado tres días ausente, en los cuales estuvo haciendo continua batalla con su pasión, comenzó a dar a Camila tantas veras y con tantas veras y razones, que la dejó confusa, y no le valió otra cosa para hacerle callar sino levantarse de su lugar e irse a su aposento sin responderle palabra.
Pero la esperanza, que siempre con el amor nace, no se debilitó en Lotario por este desaire; antes fue creciendo su pasión en Camila, y ella, viendo en él lo que jamás pensara, no sabía qué hacerse; y pareciéndole cosa ni segura ni justa darle lugar ni ocasión para que otra vez le hablase, determinó de enviar, como envió aquella mesma noche, uno de sus criados con una carta para Anselmo, en la cual le decía las razones siguientes.