a todos, de la A a la Z, como usted mismo dice, y luego encajar este mismo abecedario en su libro; y aunque la superchería se vea a la legua, por tener tan poco que ver con ellos, no importa; probablemente habrá algún inocente que crea que se ha servido de todos ellos en esta historia tan llana y sin artificio. En cualquier caso, si no sirve para otro propósito, este largo catálogo de autores servirá para darle a su libro un aspecto sorprendente de autoridad».
Aparte de esto, no se tomará nadie el trabajo de averiguar si las seguisteis o no, no le va nada en ello; mayormente que, si mal no me acuerdo, este vuestro libro no tiene necesidad de ninguna de esas cosas que decís que le faltan, porque él es una burla de los libros de caballerías, de los cuales nunca se acordó Aristóteles, ni dijo nada san Basilio, ni alcanzó Cicerón; ni entran en su cuento las puntualidades de la verdad, ni las observaciones de la astrología; ni son para con él de ningún provecho las medidas geométricas, ni las confutaciones de los argumentos de quien usa la retórica; ni tiene que ver con predicar a nadie, mezclando lo humano con lo divino, que es género de mistura de quien ningún entendimiento cristiano se debe vestir.