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nydus/Don QuixotePublic
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LXIV

Dos días después se hizo a la mar el renegado en un bajel ligero de a seis remos por banda, con chusma esforzada, y otros dos días después dieron las galas la vela hacia la parte de levante, habiendo rogado el general al virrey que le avistase de lo que sucedía del rescate de don Gregorio y de Ana Félix, el cual se lo prometió.

Una mañana, al salir don Quijote a pasear por la playa, armado de todas armas (porque, como él muchas veces decía, las armas eran su arreo y su descanso la pelea, y no las dejaba un momento de espacio), vio que venía hacia él un caballero, armado también de todas armas, que traía pintada en el escudo una luna resplandeciente; el cual, llegando a voz que pudiese ser oído, con voz alterada, hablando con don Quixote, le dijo:

«—¡Oh caballero ilustre, y jamás como se debe alabado don Quijote de la Mancha!, yo soy el Caballero de la Blanca Luna, cuyas inauditas hazañas quizás te habrán traído a la memoria. Vengo a pelear contigo y a probar la fuerza de tu brazo, por hacerte conocer y confesar que mi señora, sea quien fuere, es sin comparación más hermosa que tu Dulcinea del Toboso; la cual verdad si tú la confiesas de llano en llano, ahorrarás tu muerte y el trabajo que yo he de tomar en dártela; y si tú peleares y yo te venciere, no pretendo otra satisfacción sino que, depuestas las armas y dejadas de buscar las aventuras, te recojas y retiras a tu lugar por tiempo de un año, y vivas dél sin poner mano a la espada, en paz y sosiego y en útil tregua, porque dello le importa así al aumento de tu hacienda como a la salvación de tu alma; y si tú me vencieres, quedará mi cabeza a tu discreción, y mis despojos serán tuyos, y la fama de mis hechos añadida a los tuyos. Mira lo que más te estantes y respóndeme brevemente, que el término de este negocio ha de ser en este solo día».

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