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nydus/Don QuixotePublic
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I. Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote de la Mancha

Así pues, furbida su armadura, convertido su morión en celada, bautizado su rocín y confirmado él mismo, vino a entender que no le falt otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse; porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto, y cuerpo sin alma.

Como se decía a sí mismo: «Si por mis pecados, o por mi buena dicha, me encuentro por aquí cerca con algún gigante, como de ordinario le suele acontecer a los caballeros andantes, y le derribo en un encuentro, o le parto por mitad del cuerpo, o, finalmente, le venzo y le rindo, ¿no será cosa buena tener a quien enviárselo presentado, y que entre y se hinque de hrodillas ante mi dulce señora, y diga con voz humilde y blanda: “Yo soy el gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania, a quien venció en singular batalla el jamás como se debe alabado caballero don Quijote de La Mancha, el cual me ha mandado que me presente ante vuestra Merced, para que vuestra Alteza disponga de mí a su talante”»?

¡Oh, cómo disfrutaba nuestro buen hidalgo con la recitación de este discurso, sobre todo cuando encontró a quien llamar su Señora! Había, según cuenta la historia, en un lugar cerca del suyo, una moza labradora de muy buen parecer, de quien un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo ni se dio por enterada. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a ella le pareció bien darle el título de Señora de sus Pensamientos; y, buscando un nombre que no desentonase mucho del suyo y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla Dulcinea del Toboso, por ser natural del Toboso; nombre, a su parecer, músico y peregrino y significativo, como todos los demás que a sí mismo y a sus cosas había puesto.

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