nos han de quedar cuando salgamos vencedores, que aun el mismo Rocinante corre peligro de que le trueque por otro. Mas ¡atiende y repara, que te quiero dar cuenta de los principales caballeros que en estos dos ejércitos se contienen; y porque los veas y notes mejor, retirémonos a aquel cerrillo que allí se levanta, desde donde se podrán ver entrambos ejércitos!
Lo hicieron así, y se pusieron en un altozano desde el cual se pudieran ver bien los dos manadas que don Quijote había hecho ejércitos, si las nubes del polvo que levantaban no los turbaran y cegaran la vista; con todo eso, viendo en su imaginación lo que no veía y lo que no era, comenzó a decir en voz alta:
«Aquel caballero que allí ves de amarilla armadura, que trae en el escudo un león coronado a los pies de una doncella, es el valiente Laurcalco, señor del Puente de la Plata; aquel otro de las armas de flores de oro, que trae en el escudo tres coronas de plata en campo azul, es el temido Micocolembo, gran duque de Quirocia; aquel otro de membrudo talle, a su diestra mano, es el jamás vencido Brandabarbaran de Boliche, señor de las tres Arabias, que viene arrmado con aquella piel de serpiente y tiene por escudos una puerta que, según fama, es una de las del templo que Sansón derribó con su muerte, quando se vengó de sus enemigos.
Pero vuelve los ojos a esta otra parte, y verás delante y en la vanguardia de este otro ejército al siempre vencedor y jamás vencido Timonel de Carcajona, príncipe de la Nueva Vizcaya, el cual viene en arnés armaciudadano, cuartelado de azur, sinople, blanco y amarillo, y trae en el escudo un gato de oro en campo de leonado, con una letra que dice: Miau, que es el principio del nombre de su señora, que, según se dice, es la sin par Miaulina, hija del duque Alfeñiquen del Algarve; * el otro, que oprime y fatiga los ijares de aquel poderoso corcel y trae las armas como la nieve blancas, y el escudo sin alguna